El Imparcial / Columnas /

Las protestas en Francia

Pienso que París es la capital del universo, y que todos los humanos llevamos en nosotros algo de ese país al que el mundo debe muchos inventos, entre ellos el de la libertad.

. Catón

DE POLÍTICA Y COSAS PEORES

“Se admiraba un portugués / al ver que en su tierna infancia / todos los niños de Francia / sabían hablar francés. / ‘Arte diabólica es / -decía torciendo el mostacho/ que para hablar el gabacho / un hidalgo en Portugal / llega a viejo y lo habla mal, / y aquí lo parla un muchacho”. Bella lengua es la francesa. Se atribuye a Carlos Quinto haber dicho que ese idioma es para hablar con las mujeres; el italiano con los hombres; el alemán con los caballos, y el español con Dios. Lo dijo él, que hablaba en alemán. Yo estudié francés en el bachillerato. Mi maestra fue Romanita Herrera, de rostro angelical y cuerpo sembrador de tentaciones. Era apenas un poco mayor que nosotros, sus alumnos, que por extraña circunstancia no podíamos pronunciar la u francesa, y una y otra vez le pedíamos que nos dijera cómo se pronuncia. Ella, sin recelar de la sospechosa asiduidad con que se lo pedíamos, alargaba los labios en la pronunciación, y nosotros adelantábamos los nuestros como en imaginario beso. Con sus lecciones sentí yo que dominaba ya la lengua de Verlaine, y en un restorán de París pedí un vino cuyo nombre aparecía al pie de la carta. El camarero me informo cortésmente que tal era el nombre del propietario del local. Haciendo a un lado ese episodio, lamento con sinceridad los problemas por los que ahora está pasando la nación de Víctor Hugo, de Balzac, de Flaubert, de Proust y de Brigitte Bardot. Pienso que París es la capital del universo, y que todos los humanos llevamos en nosotros algo de ese país al que el mundo debe muchos inventos, entre ellos el de la libertad. No entiendo muy bien lo que está sucediendo en Francia -tampoco entiendo muy bien lo que está sucediendo en México-, pero de corazón deseo que todos los franceses recuerden que junto con la libertad sus ancestros inventaron también la razón. Cuatro niños de corta edad, los cuatro de diversas nacionalidades, veían a través de la cerradura de la puerta a una pareja que hacía el amor. Dijo el inglesito: “Se están peleando”. Dijo el americanito: “No. Están jugando luchas”. Dijo el mexicanito: “No. Están haciendo el amor”. Dijo el francesito: “Y muy mal”. El escritor francés le dijo a su colega norteamericano: “Estoy escribiendo un libro que seguramente interesará a mis lectores, y a mis lectoras más. Se llama ‘Cien posiciones para hacer el amor’”. “¿Cien posiciones? -se sorprendió el estadounidense-. Yo solamente conozco una”. “¿Cuál es?” -inquirió el escritor. “La natural -respondió el otro-. La más tradicional; la del misionero. La mujer se pone de espaldas, y el hombre se coloca sobre ella”. “¡Ah! -se entusiasmó el francés-. ¡’Ciento una posiciones para hacer el amor’!”. Un visitante le preguntó a un parisino: “Me llama mucho la atención esa costumbre que tienen ustedes los franceses, de besarles la mano a las mujeres”. “Bueno, mon ami -respondió el galo-. Por algún lado hay que empezar”. Cierto periodista especializado en materias religiosas viajo de Madrid a París en busca del Abate Lera, teólogo de fama. Iba por una calle buscando su convento cuando se le acercó un sujeto de sospechosa traza y le dijo: “¿Una muchacha, Monsieur?”. “No” -rechazó el viajero. “¿Un muchacho?”. “Tampoco. Estoy buscando un abate”. Replicó el tipo: “Se puede conseguir, pero le saldrá un poco más caro”. Babalucas vio una película porno hecha en Francia. En el curso de una tórrida escena el badulaque comentó, despectivo: “¡Mira dónde anda el pen,,,! ¡No sabe que a las mujeres se les besa en la boca!”. Alguien le preguntó a un francés: “¿Qué prefieres: El vino o el sexo?”. Respondió: “¿Borgoña o Burdeos?”. FIN.

Sigue nuestro canal de WhatsApp

Recibe las noticias más importantes del día. Da click aquí