El sistema penal estadounidense se basa precisamente en la negociación. Entre el 90 y el 95% de los casos nunca llegan a juicio porque se resuelven por esta vía. El método es sencillo y eficaz.
Ese prodigio misterioso al que llamamos vida tiene caprichosas veleidades. Te da una dolorosa bofetada y luego te acaricia la mejilla con ternura maternal.
La Casa Blanca dio a conocer la nueva Estrategia Nacional Antiterrorista de Donald Trump. En sus 16 páginas, los cárteles mexicanos quedan elevados a la primera prioridad de seguridad nacional y se advierte que Washington actuará en México aunque su gobierno “no pueda o no quiera” cooperar.
El partido de Trump está jugando con fuego. La disciplina interna, por férrea que sea, no necesariamente se traduce en éxito electoral en la arena más amplia.
“El hecho de que dos compinches -aunque se oiga mal- de Rocha Moya se hayan entregado a la justicia americana -justicia mexicana no hay- ha puesto a temblar a quienes forman la risiblemente llamada Cuarta Transformación”.
Cuando alguien se entrega voluntariamente a la justicia de Estados Unidos, no lo hace por civismo ni por respeto a la ley. Lo hace porque calculó que litigar el caso ante un tribunal le costará más que cooperar.