Quieren colgarse de la mañanera, en virtual confesión blanquiazul de que no han podido ni pueden crear sus propias opciones mediáticas realmente llamativas.
El fanatismo, la intolerancia, el obsoleto chovinismo debilitan en vez de fortalecer. Una visión maniquea de la Historia la desvirtúa y empobrece. Ni indigenismo exacerbado ni hispanismo desconocedor de lo propio.
El problema de fondo no está en un podcast ni en un par de frases desafortunadas. Está en los criterios con los que Morena selecciona a sus candidatos.
En su análisis si en las elecciones de noviembre “hay una avalancha electoral, el cambio más importante será el sicológico, porque Trump empezará a parecerse a la peor de sus pesadillas:
Expresión derechista es “No no no”, pues la gente de esa posición política se opone a todo cambio, con desdén absoluto para Heráclito. De izquierda, en cambio, es eso de decir “Saludo” por decir alabo, elogio, aplaudo. Yo no soy ni de derecha ni de izquierda, sino todo lo contrario y viceversa. ¿De derecha yo? Ni mad...
Porque esto no ocurrió inevitablemente; se permitió que ocurriera. La Secretaría de Cultura y el Inbal administraron el asunto con medias verdades, silencios y eufemismos.