Como ICE separa a niños de sus padres
La ofensiva de Trump destruyendo familias latinas e inmigrantes se ha multiplicado.

JORGE RAMOS
La familia Domingo había salido de misa en West Palm Beach, en la Florida, y los papás decidieron llevar a sus cinco hijos (dos niños y tres niñas) a comprarse zapatos nuevos. Pronto regresarían a la escuela, y querían estar listos. La regla de la casa era que la mamá no salía casi nunca a lugares públicos para evitar que la detuvieran agentes de migración. Pero ese día los Domingo, de origen maya y guatemalteco, hicieron una excepción. Wendy, su hija mayor, acababa de cumplir 18 años el día anterior, y estaba manejando a toda la familia hacia la tienda. Ella, nacida en Estados Unidos, era la única que tenía licencia para manejar.
Al poco rato, Wendy notó que la perseguía una camioneta blanca con una raya verde y, al dar la vuelta, se dio cuenta de que era de ICE, la policía migratoria. A los pocos segundos la pararon. La excusa de los agentes era que había algo que no cuadraba en la placa del vehículo. Les pidieron a los padres que se bajaran, y los niños empezaron a llorar. Vi el video grabado en un celular y es verdaderamente aterrador. Los pequeños lloraban y no entendían por qué se llevaban a sus papás. El peligro de deportación era inminente.
Además, había un problema. Si se llevaban detenidos a los padres, ¿quién se encargaría de los niños? Y en una de esas decisiones que cambian toda una vida, papá y mamá acordaron en un instante que Wendy, la mayor, se encargaría de sus hermanos de 16, 14, 11 y 3 años de edad.
Con la extraordinaria y generosa ayuda del Centro Maya-Guatemalteco, y la autorización tácita de los agentes, Wendy se llevó a sus cuatro hermanos a la casa. Estaban, por primera vez, sin sus papás. Pero no estaban solos. “Tengo un montón de familiares”, me dijo Wendy hace un par de meses. “Tengo vecinos, tengo mi madrina. … El bebé [irá al] ‘daycare’ ”, me dijo. “Necesito ayuda; voy a aceptar cualquier ayuda que me quieran dar”.
Y como si fuera una experimentada ejecutiva, Wendy abrió una página de GoFundMe para pagar renta y comida, pospuso su entrada a la universidad y obtuvo un segundo empleo. “Yo estaba trabajando en un hotel, pero ya conseguí otro trabajo”, me dijo.
Los Domingo no son la única familia separada por las políticas migratorias de Donald Trump. Las cifras son una masiva tragedia. Aproximadamente 205 mil niños han sufrido la separación de uno o dos de sus padres desde que Trump regresó a la Casa Blanca en 2025, según un estudio del Instituto Brookings. De esos, 145 mil niños son ciudadanos de Estados Unidos. Y se calcula que más de 22 mil menores de edad nacidos en el país han tenido que enfrentar la separación de padre y madre. Estos últimos, terminan con familiares o amigos y, en los peores casos, en orfanatorios o centros gubernamentales de cuidado infantil.
La ofensiva de Trump destruyendo familias latinas e inmigrantes se ha multiplicado.
Para darnos cuenta de la dimensión de esta tragedia, basta compararla con las cifras del primer gobierno de Trump (2017-2021). Alrededor de 5 mil niños fueron separados de sus padres por la llamada política de “cero tolerancia”. Esas separaciones fueron de una brutalidad tal que, en varios casos, no hubo registros del destino de los niños y, todavía hoy, no se han podido reunir con sus padres.
Al final de cuentas, los 205 mil niños separados de sus padres en el segundo gobierno de Trump son muchos más que los 5 mil separados durante su primer mandato. Debería ser una emergencia nacional y, sin embargo, lo hemos normalizado. Separar familias y ver a niños llorar es algo frecuente en las noticias y en las redes sociales. Y todo esto sin considerar el trauma sicológico para los menores de edad.
Además, las redadas y las separaciones envían un potente mensaje: Estados Unidos es una nación fuertemente dividida entre ciudadanos de primera y el resto, que es tratado con desprecio y discriminación.
Al finalizar la entrevista, le pregunté a Wendy si quería enviarle un mensaje a los agentes de ICE que detuvieron a sus padres. No lo dudó.
“Quiero que sepan que mis padres no son criminales”, me dijo en inglés. “No hicieron nada malo para ser arrestados y para ser separados”. Luego habló de ella y de sus hermanos: “Todavía somos muy jóvenes; nos encantaría que nuestros padres estuvieran a nuestro lado”. Y terminó con un contundente y desafiante mensaje, asegurando que mantendría junta a la familia mientras sus padres siguieran detenidos. “No quiero que piensen que no voy a ser capaz de lograrlo”, me dijo. “No creo que sea correcto quitarme a los niños; soy la hermana mayor a quien mis padres dejaron a cargo”.
Posdata: Los papás de Wendy fueron deportados a Guatemala. El niño de 3 años, Aiden, fue enviado a Guatemala para estar con sus padres. Wendy y sus otros tres hermanos se quedaron en la Florida sin sus papás.
Sigue nuestro canal de WhatsApp
Recibe las noticias más importantes del día. Da click aquí
Grupo Healy © Copyright Impresora y Editorial S.A. de C.V. Todos los derechos reservados