Cuatro lecciones de Brasil para México
En el caso de la elección presidencial brasileña, sistemáticamente subestimaron a Flávio Bolsonaro.

Juegos de poder
Primera lección: Las encuestas no son infalibles para medir las verdaderas intenciones de voto; a veces se equivocan.
En el caso de la elección presidencial brasileña, sistemáticamente subestimaron a Flávio Bolsonaro.
Todas indicaron que Lula ganaría la primera vuelta electoral por un margen de entre dos y seis puntos porcentuales. Ninguna le dio la victoria a Bolsonaro. Ocurrió lo contrario. El candidato derechista triunfó por dos puntos porcentuales, pero no logró el porcentaje necesario (50% más uno) para evitar una segunda vuelta que ocurrirá el 25 de octubre.
La evidencia apunta a que hubo un fuerte voto útil de última hora. La media de las encuestas daba aproximadamente 11.2% a los candidatos distintos de Lula y Flávio; finalmente obtuvieron 7.8%. Es prácticamente el mismo tamaño del error de Bolsonaro quien obtuvo 3.3 puntos más que el promedio de las encuestas, mientras los candidatos menores obtuvieron 3.4 puntos menos. Lula quedó prácticamente donde lo medían. Es una señal de transferencia tardía hacia Flávio que ocurrió demasiado tarde para que lo captaran las encuestas.
Pero en Brasil también existe un problema persistente para medir el voto bolsonarista. En 2022, Jair Bolsonaro terminó 4.4 puntos por encima de las estimaciones finales promedio, y ahora Flávio volvió a superar sistemáticamente a los sondeos. Eso sugiere que, además del movimiento de última hora, hay problemas en la estimación de los votantes probables de la oposición.
Segunda lección: Por más eficaces y populares que sean los liderazgos políticos, éstos se desgastan y, por tanto, en necesario permitir y promover su renovación.
Sin duda Lula es uno de los grandes líderes que ha producido la izquierda en América Latina. Pero el personaje, de 80 años, ya está muy visto. Ha participado en siete elecciones presidenciales como candidato (1989, 1994, 1998, 2002, 2006, 2022 y 2026) ganando tres. Lleva gobernando casi doce años.
Su primera sucesora dentro de su partido, Dilma Rousseff, resultó un fracaso. Fue destituida de la Presidencia con un juicio político. Lula tuvo que regresar a liderar la izquierda brasileña.
La segunda gran apuesta de sucesión de Lula dentro del PT ha sido Fernando Haddad. Sin embargo, en las elecciones del domingo, este perdió la elección de Gobernador del Estado de São Paulo. Se trata de su cuarta derrota electoral consecutiva, lo cual demuestra que no tiene el tamaño para sustituir a Lula que está llegando al ocaso de su carrera política.
Del otro lado, en cambio, Nikolas Ferreira, de 30 años -el diputado más famoso y popular de Brasil-, reforzó su dominante posición como estrella ascendente del bolsonarismo y de la derecha.
Tercera lección: La derecha puede usar el tema de la seguridad pública y el crimen organizado para equilibrar la popularidad de los programas sociales de la izquierda.
De acuerdo con las encuestas, la inseguridad fue uno de los asuntos que más preocupaban al electorado. En este contexto, como ocurrió en El Salvador y Colombia, aparecieron las soluciones de “mano dura” típicas de las derechas. Bolsonaro propuso clasificar a los principales grupos criminales como organizaciones “narcoterroristas”, construir nuevas prisiones de máxima seguridad y endurecer penas.
La izquierda, por su parte, siguió vendiendo las populares políticas públicas relacionadas con la justicia social: Programas de transferencias de dinero como Bolsa Família, el incremento del salario mínimo y la reducción de la jornada laboral.
Cuarta lección: Más allá de los temas, al final todo se reduce a la disyuntiva de cambio frente a continuidad.
Lula llegó a 2026 buscando un cuarto mandato presidencial no consecutivo. Su desafío era superar una especie de “fatiga” del electorado después de cuatro décadas de presencia electoral. Esto produjo una paradoja para su campaña. Lula tenía que argumentar que su Gobierno había funcionado, que, por tanto, lo debían reelegir, pero, como entendía que el electorado demandaba cambios, él es el que podía realizarlos.
La dificultad narrativa es obvia: Un Presidente en funciones tiene más problemas para presentarse como agente de cambio que un opositor.
Que es lo que hizo Flávio: Convertir la elección en un referéndum sobre Lula. Aunque él mismo lleva muchos años en política y pertenece a una de las familias políticas más conocidas de Brasil, consiguió presentarse como la alternativa al statu quo. Su mensaje final giró precisamente alrededor de la palabra “mudança”, es decir, cambio.
Huelga decir que en el mundo entero soplan vientos “anti-incumbent” como se dice en inglés que, traducido al español, sería contra el continuismo gubernamental o del partido que está en el poder.
Leo Zuckermann
X: @leozuckermann
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