“Humancé”
Bien se recuerda que no todo logro técnico o científico es éticamente correcto.

Jesús Canale
Nacido de la unión de humano con chimpancé: “Humancé”. Nada nuevo. Mil años antes de Cristo la mitología asiria nos dejó el mito de la sirena cuando la diosa Atargatis se arrojó al lago por la vergüenza de haber matado a su amante humano y su cuerpo tomó la forma de pez en la mitad inferior pero conservó la apariencia humana en su torso, cabeza y brazos.
Ya lejos de cualquier mito, el fraile agustino checo Gregorio Mendel mezcló chícharos de unas especie con los de otras especie consiguiendo hibridarlos de manera que logró obtener nuevas especies o variedades de chícharos; publicó su trabajo en 1865 pero no fue tomado en serio por los científicos de la época sino hasta 1900 cuando reconocieron sus resultados como leyes de la Herencia, punto de partida histórico de la Genética.
En la década de los 1920s un biólogo ruso, Iliá Ivánov se aventuró a efectuar cruza de ser humano con chimpancé, ambos primates, sí, pero obviamente de diferente especie. Ivánov concibió los diseños de cómo desarrollaría su proyecto implicando su propio método de inseminación artificial y para llevar a cabo su experimentación hubo de viajar de la Unión Soviética a la entonces Guinea Francesa -hoy República de Guinea- en la costa Oeste de África.
El investigador se hizo acompañar de su hijo para capturar chimpancés hembras a las que inseminó con esperma humano. Se ha documentado que Ivánov planeaba igualmente inseminar mujeres de la localidad con esperma de chimpancé sin contar con el consentimiento explícito de ellas pero el intento le fue impedido por las autoridades francesas de la colonia.
Ni uno solo de los experimentos fue exitoso y el decepcionado científico regresó a Rusia con 20 ejemplares de chimpancé pero por diversas razones todos menos uno de ellos murió y su plan de inseminar mujeres, ya obtenida la autorización para hacerlo en la Unión Soviética, nunca se llevó a cabo.
Ivánov fue desterrado de Rusia por motivos políticos que no tenían relación con su trabajo experimental; sus intentos de hibridación interespecífica (“interespecie”, es decir, entre las dos especies) nunca se hicieron realidad.
Las intenciones políticas e ideológicas del nuevo sistema ruso tenían otras tareas y el sofocamiento y anulación de los opositores ya estaba en camino. Imposible saber qué hubiera ocurrido si Ivánov no hubiese sido del desagrado de las autoridades soviéticas pero algunos biólogos evolutivos, por ejemplo James Mallet, experto en hibridación inespecífica y académico en Harvard, calificaron carente de ética los intentos de Ivánov. Y es que la probabilidad de que pudiese ocurrir hibridación entre especies diferentes, aunque baja, puede darse y de hecho se ha dado: Simplemente recordar la obtenida por Mendel con las variedades de chícharo, o el bien conocido caso de la mula que es hija del cruce de un burro con una yegua así como el burdégano lo es del cruzamiento de un caballo semental con una burra. La generación de un ejemplar híbrido puede acarrearle taras a las crías, como la esterilidad en la mula pues ésta no puede lograr concebir.
Para el caso de los seres humanos la hibridación, es decir el hecho de cruzarlos con otras especies, no ha contado con una bienvenida seria de grupos científicos, biotecnólogos, legisladores ni bioeticistas. Es verdad que en cuestiones éticas inapropiadas es mera cuestión de tiempo el ir de menos a más.
En la práctica, a partir del siglo pasado se comenzó con discretas investigaciones de seres humanos en materia reproductiva, luego éstas se presentaron al gran público como espectaculares logros técnicos, después como cosas útiles para el comercio así como para la satisfacción de diversos deseos individuales, pero ninguno de estos resultados u objetivos son suficientes para que los procedimientos correspondientes puedan ser éticamente admisibles; en muchos de ellos hay una idea utilitarista que pretende justificar los medios -sean como sean- para conseguir sus resultados.
Bien se recuerda que no todo logro técnico o científico es éticamente correcto.
“Humancé”
Médico cardiólogo por la UNAM.
Maestría en Bioética.
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