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En un entorno global volátil, la diferencia entre el querer crecer y lograr un crecimiento sostenido se reduce a la capacidad de ejecución.

Salvador Maese Barraza

PASAR DE LA PLANEACIÓN A LA ACCIÓN

“La estrategia sin ejecución es una alucinación”.

Thomas Edison

En un entorno global volátil, la diferencia entre el querer crecer y lograr un crecimiento sostenido se reduce a la capacidad de ejecución. Para México, esto implica administrar sus herramientas internas y asumir sus responsabilidades propias, convirtiendo la planificación en acción tangible.

La incertidumbre global no es una excusa para la inacción, sino un recordatorio de que la competitividad se construye internamente. El desafío está en ejecutar con consistencia, pasando de los planes a los hechos. La competitividad nacional y estatal no depende tanto de lo que suceda en Washington, sino de las decisiones fundamentales que se tomen internamente. En economía, como en la vida, la brecha entre el querer y el hacer se cierra con actos de voluntad concretos y perseverantes.

En el Paquete Económico 2026, los 27.2 mmdd presupuestados para proyectos estratégicos están por debajo del nivel promedio anual de 46.2 mmdd que se necesitaría para cumplir el Plan México para 2030. Las posibilidades de atraer inversión privada en energía y logística dependerán de la capacidad del gobierno para dar certidumbre jurídica, señala un reciente reporte del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO).

Hay coincidencia general en que el Plan México se convierta en un detonante de inversión que impulse el crecimiento y desarrollo nacional; es crucial fomentar la inversión mixta asegurando la existencia de reglas claras y duraderas.

Un ejemplo de ellos es el uso de fideicomisos para el desarrollo de infraestructura estratégica debe aprovecharse para canalizar inversión pública y privada de manera eficiente, garantizando certidumbre a los inversionistas y continuidad a los proyectos. Dado que se trata de proyectos de interés público, se deben establecer marcos claros de operación y altos estándares de transparencia y rendición de cuentas.

Un punto importante que destaca dicho organismo es la participación de estados y municipios para detonar proyectos regionales con coinversión privada, respaldados por garantías federales de la banca de segundo piso y criterios técnicos de rentabilidad social y económica.

Un clamor recurrente pero fundamental es la certidumbre regulatoria en mercados como el eléctrico para incentivar la inversión privada. El reglamento de la Ley del Sector Eléctrico establece que el otorgamiento de nuevos permisos de generación por parte de la Comisión Nacional de Energía (CNE) deberá considerar los criterios de la planeación vinculante que emitió la Secretaría de Energía el pasado 17 de octubre de 2025.

Es esencial que se ofrezcan condiciones de transparencia e imparcialidad para el desarrollo de los proyectos privados a partir de los requerimientos de capacidad identificados. De esta manera, se incentivará la eficiencia respetando el despacho económico, al tiempo que se canaliza el capital privado hacia las áreas que complementan la estrategia del Estado.

Hoy tenemos grandes retos, y no podemos meternos el pie nosotros mismos con aprobaciones de leyes en materia aduanera, laboral y fiscal sin un análisis puntual de sus implicaciones y sin consultar al sector involucrado. Establecer mecanismos de transparencia y rendición de cuentas, así como ofrecer certidumbre jurídica, es esencial para muchos,pero poco conveniente para unos cuantos. Es momento de pasar a la acción; al margen de intereses políticos y gremiales, la situación actual requiere del esfuerzo coordinado de todos.

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